¿QUIÉN HABITA EN TU TEMPLO?
DEL CORAZÓN DEL PASTOR · CARTA PASTORAL. Martes 20 de Octubre 2026
1 Corintios 6:19-20 (RV1960)
19 ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? 20 Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.
A la amada Iglesia de Jesucristo, redimida por su preciosa sangre, llamada a ser su cuerpo y
santuario del Espíritu Santo: gracia, misericordia y paz de Dios nuestro Padre y del Señor
Jesucristo sean multiplicadas sobre cada uno de ustedes.
Amados hermanos, doy gracias al Señor por vuestra vida y oro para que seáis afirmados en
una verdad que no debemos olvidar: nuestro cuerpo no nos pertenece para vivir según
nuestros propios deseos. Cristo nos redimió para que toda nuestra vida, aun nuestros
miembros, manifieste su santidad.
El apóstol Pablo nos recuerda: «¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu
Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?» (1 Corintios
6:19, RVR60). Y añade este mandato: «glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en
vuestro espíritu» (1 Corintios 6:20, RVR60). ¡Qué dignidad tan grande nos ha concedido el
Señor! No somos una casa sin propósito: hemos sido llamados a llevar su presencia.
Por tanto, guardemos con diligencia las puertas de nuestra vida. Lo que nuestros ojos
contemplan, nuestros oídos reciben, nuestra boca declara y nuestras manos practican no es
indiferente delante de Dios. El Señor reprendió la religiosidad que parecía limpia por fuera
mientras escondía impureza por dentro (Mateo 23:27-28). No nos conformemos con una
apariencia piadosa; permitamos que su Palabra examine también lo secreto de nuestro
corazón.
La Escritura nos exhorta: «no deis lugar al diablo» (Efesios 4:27, RVR60). Esta advertencia
nos llama a no abrir espacio al pecado, al engaño, al rencor ni a aquello que busca apartarnos
de la obediencia a Cristo. No todo pecado significa que otro espíritu habite en una persona;
pero sí debemos rechazar toda influencia que pretenda gobernar lo que pertenece al Señor.
Asimismo está escrito: «ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como
instrumentos de iniquidad»; antes bien, presentémonos a Dios, y nuestros miembros a su
justicia (Romanos 6:13, RVR60). Que nuestros labios sean instrumentos de bendición; nuestros ojos, de pureza; nuestras manos, de misericordia; y nuestros pies, de obediencia.
Porque «todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios»
(Romanos 8:14, RVR60).
Recibid, pues, esta palabra en vuestro corazón: no permitáis que aquello que Dios escogió
como su templo termine siendo utilizado como instrumento de lo que Él aborrece. El Espíritu
Santo no nos fue dado solamente para hablar de su presencia, sino para caminar bajo su
dirección y dar fruto de una vida transformada.
Os ruego, amados, que presentéis cada día vuestro cuerpo al Señor, como enseña
Romanos 12:1: «en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios» (RVR60). Si alguno ha
descuidado su comunión con Él, vuelva hoy con arrepentimiento y confianza a la gracia de
Cristo. Nuestra esperanza no descansa en nuestra fuerza, sino en Aquel que nos santifica y nos
sostiene.
Que el Dios de paz guarde vuestro espíritu, alma y cuerpo irreprensibles para la venida
de nuestro Señor Jesucristo (1 Tesalonicenses 5:23). Y que en todo lo que penséis, habléis y
hagáis, sea glorificado Jesucristo.
Con amor pastoral,
Pastor Luis Vides
Viva y Eficaz | Enseña · Capacita · Transforma
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