¿QUIERES SER SANO?

La sanidad comienza a cuando dejamos de justificar aquello a lo que nos acostumbramos y permitimos que Cristo transforme nuestra manera de vivir.

“Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano?” Juan 5:6

INTRODUCCIÓN —

38 AÑOS PUEDEN CONVERTIR UNA CONDICIÓN EN UNA FORMA DE VIDA

En Bethesda había un hombre que llevaba 38 años enfermo. La Biblia no dice que tuviera 38 años de edad; dice que llevaba 38 años padeciendo su enfermedad. Eso significa que había transcurrido una parte enorme de su vida alrededor de una misma condición.

Juan hace una observación poderosa:

“Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así…”

Jesús no solamente vio cómo estaba.
Jesús sabía cuánto tiempo llevaba así.

Porque hay condiciones que comienzan siendo un problema, pero cuando permanecemos demasiado tiempo dentro de ellas pueden terminar convirtiéndose en una manera de vivir.

Esto también puede suceder en una familia.

Una familia puede acostumbrarse a:

·       discutir constantemente;

·       vivir sin comunicación;

·       comer cada uno por su lado;

·       guardar resentimientos;

·       tratarse con dureza;

·       vivir distanciados;

·       ignorarse;

·       no expresar afecto;

·       convivir con gritos;

·       no pedir perdón;

·       tener un matrimonio frío;

·       tener padres ausentes emocionalmente;

·       tener hijos encerrados en su propio mundo;

·       vivir juntos físicamente, pero separados emocionalmente.

Y después de años alguien puede llegar a decir:

“Así somos nosotros.”

Pero quizá no es que así somos.

Quizá simplemente así nos acostumbramos a vivir.

Lo repetido termina pareciendo normal, aunque nunca haya sido saludable.

1. BETESDA SE CONVIRTIÓ EN SU ENTORNO.

Juan 5:2–3 Allí había “una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos”.

Pensemos en esto.

Todos los días aquel hombre estaba rodeado de personas hablando probablemente de enfermedades, limitaciones, frustraciones y de quién había logrado llegar primero al agua.

Su mundo estaba construido alrededor de su condición.

Después de tantos años, Betesda ya no era solamente el lugar donde estaba.

Era el mundo que conocía.

Humanamente, una permanencia tan larga puede producir:

·       resignación;

·       dependencia;

·       pérdida de iniciativa;

·       temor al cambio;

·       sentimiento de impotencia;

·       expectativas cada vez más pequeñas;

·       identidad ligada al problema.

Y esto ocurre también en nuestros hogares.

Hay familias donde el conflicto lleva tantos años que ya nadie piensa que pueda existir otra manera de vivir.

PADRES

“Yo fui criado así.”

ESPOSOS

“Ella siempre ha sido así.”

ESPOSAS

“Él nunca va a cambiar.”

HIJOS

“En mi casa siempre ha sido así.”

Pero escuche esto:

Que algo lleve muchos años ocurriendo no significa que tenga derecho a permanecer.

2 Corintios 5:17 “Si alguno está en Cristo, nueva criatura es…”

Cristo no vino solamente para acompañarnos en nuestras viejas maneras de vivir.

Cristo vino para hacer nuevas todas las cosas.

2. EL PELIGRO DE CONVERTIR UNA HERIDA EN IDENTIDAD

Después de 38 años, aquel hombre podía describir su vida desde su limitación:

“No puedo.” Su cuerpo estaba paralizado, pero tantos años de frustración también podían haber afectado su manera de pensar.

Y aquí hay una verdad importante para nuestras familias:

Una cosa es tener una herida y otra cosa es construir nuestra identidad alrededor de ella.

Alguien puede decir:

·      “Soy desconfiado porque me traicionaron.”

·      “Soy frío porque nunca recibí cariño.”

·      “Grito porque así me criaron.”

·      “No demuestro afecto porque mi padre nunca lo hizo.”

·      “Yo no perdono porque me hicieron demasiado daño.”

Comprendemos de dónde nació la conducta.

Pero el origen de una herida no debe convertirse en permiso para conservarla.

Efesios 4:31–32

La Palabra nos llama a quitar amargura, enojo, ira y malicia, y aprender misericordia y perdón.

Dios puede comprender perfectamente por qué llegamos a ser de determinada manera y, al mismo tiempo, llamarnos a cambiar.

REMA PASTORAL; Tu historia puede explicar algunas de tus heridas, pero no tiene que determinar el futuro de tu familia. 

3. ENTONCES JESÚS HACE UNA PREGUNTA EXTRAÑA

Juan 5:6 “¿Quieres ser sano?”

A primera vista parece una pregunta innecesaria. ¿Quién después de 38 años enfermo no quisiera ser sano?

Pero Jesús no le pregunta: “¿Quieres sentirte mejor?”

Le pregunta: “¿Quieres ser sano?”

Porque ser sano significaría que toda su vida tendría que cambiar. Su entorno,amistades, su atmosfera, sus pensamientos.

Si se levantaba:

1.     ya no permanecería acostado allí;

2.     ya no viviría dependiendo de que alguien lo llevara;

3.     ya no tendría la misma rutina;

4.     ya no podría seguir definiéndose por su parálisis.

La sanidad no solamente iba a cambiar sus piernas.
Iba a cambiar su manera de vivir.

Y esta noche Jesús podría hacernos la misma pregunta:

¿QUIERES SER SANO O QUE TU FAMILIA SEA SANA?

Entonces quizá tendrás que dejar:

·      el orgullo;

·      los gritos;

·      la indiferencia;

·      las palabras hirientes;

·      el resentimiento;

·      la necesidad de tener siempre la razón;

·      las comparaciones;

·      la manipulación;

·      el silencio usado como castigo;

·      las amistades o influencias que dañan tu hogar;

·      hábitos que están destruyendo la convivencia;

·      la falta de tiempo para tus hijos;

·      la ausencia espiritual dentro de casa.

Porque algunas veces queremos los resultados de la sanidad sin aceptar las decisiones que exige la sanidad.

4. SU RESPUESTA REVELÓ DÓNDE ESTABA SU MIRADA

Juan 5:7 “Señor, no tengo quien me meta en el estanque…”

Jesús le preguntó: “¿Quieres?”

Y él respondió: “No tengo quién…”

¡Qué diferencia! Jesús estaba hablando de una decisión.

El hombre respondió hablando de otras personas.

a)     “Yo no tengo quien…”

b)    “Cuando yo voy…”

c)     “Otro desciende antes…”

Su respuesta estaba llena de circunstancias y personas.

Y esto también sucede en la familia.

1.     —“Yo cambiaría si mi esposo cambiara.”

2.     —“Yo sería cariñoso si ella fuera diferente.”

3.     —“Yo respetaría a mis padres si ellos me entendieran.”

4.     —“Yo pediría perdón, pero él comenzó.”

5.     —“Yo hablaría con mi hijo, pero él nunca escucha.”

Siempre hay un otro.

Pero Jesús no le preguntó qué estaban haciendo los demás.

Le preguntó: ¿TÚ QUIERES SER SANO?

Quizá la sanidad de una casa puede comenzar cuando alguien deja de decir: “Cuando ellos cambien…”

y comienza a decir: “Señor, comienza conmigo.”

Salmo 139:23–24 “Examíname, oh Dios… y ve si hay en mí camino de perversidad…”

5. JESÚS NO LO METIÓ AL ESTANQUE

Aquí encuentro algo precioso. El hombre pensaba que su solución era:

“Necesito alguien que me meta al agua.” Pero Jesús no llegó para ayudarlo a entrar al estanque.

Jesús llegó para sacarlo de la condición que lo mantenía allí.

¡Qué poderoso! A veces nosotros le presentamos a Dios nuestra solución:

·      “Señor, cambia a mi esposo.”

·      “Cambia a mi esposa.”

·      “Cambia a mis hijos.”

·      “Haz que me comprendan.”

·      “Haz que ellos reconozcan que yo tenía razón.”

Y quizá Jesús está diciendo: “Yo quiero comenzar contigo.”

Porque Cristo puede hacer algo mucho mayor que mejorar nuestra antigua manera de vivir.

Puede enseñarnos una manera nueva.

6. “LEVÁNTATE”

Juan 5:8 “Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda.”

Observe los tres movimientos:

1. LEVÁNTATE

Hay cosas de las cuales tenemos que decidir levantarnos.

Levántate del resentimiento.

Levántate de la indiferencia.

Levántate de la amargura.

Levántate de la resignación.

2. TOMA TU LECHO

Aquello que durante años fue evidencia de su incapacidad ahora iba a convertirse en evidencia de su transformación.

Antes el lecho lo cargaba a él; ahora él cargaría el lecho.

Lo que dominaba su vida ya no tendría que dominarlo.

3. ANDA

La sanidad no termina cuando dejamos algo.

Comienza cuando aprendemos una nueva manera de caminar.

Efesios 4:22–24

Pablo habla de despojarnos del viejo hombre y vestirnos del nuevo.

Una familia sana necesita aprender nuevos caminos:

·      hablar diferente;

·      escuchar diferente;

·      resolver conflictos diferente;

·      disciplinar diferente;

·      amar diferente;

·      perdonar diferente;

·      administrar el tiempo diferente;

·      buscar a Dios juntos.

7. LA PREGUNTA PARA NUESTRA FAMILIA

Esta noche quizá Jesús no nos está preguntando:

a)     “¿Quién tuvo la culpa?”

b)    “¿Quién comenzó?”

c)     “¿Quién falló más?”

La pregunta puede ser mucho más personal:

¿QUIERES SER SANO?

Padre:

¿Quieres tener una relación sana con tus hijos?

Entonces quizá tendrás que dejar algo.

Madre:

¿Quieres sanar tu hogar?

Quizá tendrás que soltar heridas que llevas cargando demasiado tiempo.

Esposo:

¿Quieres recuperar tu matrimonio?

Quizá tendrás que abandonar orgullo, indiferencia o dureza.

Esposa:

¿Quieres restaurar la relación?

Quizá Dios también quiere trabajar profundamente en tu corazón.

Hijo:

¿Quieres una relación diferente con tus padres?

Quizá también tendrás que dejar rebeldía, resentimiento o distancia.

Porque la sanidad familiar no consiste solamente en pedir:

“Señor, cambia mi casa.”

También consiste en poder decir: “Señor, muéstrame qué debo dejar yo para que mi casa pueda cambiar.”

CONCLUSIÓN — NO HAGAMOS DE BETESDA NUESTRA CASA

Betesda era el lugar donde aquel hombre había permanecido durante años. Pero no era el lugar donde tenía que terminar su historia. Y quizá algunas familias llevan años alrededor del mismo problema.

·      Años discutiendo por lo mismo.

·      Años guardando la misma herida.

·      Años señalándose.

·      Años esperando que el otro cambie.

·      Años diciendo:

“Así somos.”

Pero hoy Cristo todavía puede entrar en nuestros “Betesdas”. Y cuando Cristo llega, la pregunta no es cuánto tiempo llevamos así.

La pregunta es si estamos dispuestos a levantarnos.

REMA FINAL

No importa cuánto tiempo una familia haya vivido de determinada manera; cuando Cristo entra, lo que parecía una forma permanente de vida puede convertirse solamente en el lugar del cual Dios nos levantó.

LLAMADO

Hoy quisiera que cada uno se haga una pregunta delante de Dios:

¿A qué me acostumbré que Dios nunca quiso para mi familia?

Y después una segunda:

¿Qué tengo que dejar para que mi vida y mi familia pueda sanar?

·      No pensemos primero en el esposo.

·      No pensemos primero en la esposa.

·      No pensemos primero en nuestros padres.

·      No pensemos primero en nuestros hijos.

Digamos:

“Señor, comienza conmigo.”

Porque quizá hoy Jesús está pasando por nuestra casa y nos está haciendo la misma pregunta que hizo hace tantos años en Betesda:

¿QUIERES SER SANO?

Y nuestra respuesta puede ser:

“Sí, Señor. Estoy dispuesto a levantarme, dejar lo que tenga que dejar y aprender contigo una nueva manera de caminar.”

Josué 24:15 “Yo y mi casa serviremos a Jehová.”

VERDAD CENTRAL

Una familia comienza a sanar cuando dejamos de justificar aquello a lo que nos acostumbramos y permitimos que Cristo transforme nuestra manera de vivir.

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Pastor Luis Vides

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